Horizonte valiente
Una marca destino para Gijón/Xixón
Un contexto especialmente sensible
El objetivo era definir una plataforma capaz de orientar la narrativa, el diseño, la comunicación y la activación futura del destino.
El contexto era especialmente sensible. Como muchas ciudades del norte, Gijón/Xixón debe competir en un mapa cada vez más saturado de discursos parecidos: autenticidad, sostenibilidad, gastronomía, patrimonio, calidad de vida. Muchas ciudades quieren ser abiertas, vivibles, culturales y responsables. El riesgo estaba en caer en un relato correcto, pero indistinto.
Desde ahí trabajamos una nueva estrategia de marca turística para Gijón/Xixón: una marca capaz de ordenar su relato, reforzar su autoestima comunicativa y proyectar una idea de destino coherente con su verdad. No se trataba de embellecer la ciudad desde fuera, sino de escuchar lo que ya estaba latiendo dentro y darle una forma estratégica, verbal y visual capaz de acompañar su futuro. El Plan Estratégico 2025–2035 ya señalaba una dirección clara: construir un destino auténtico, sostenible y competitivo, donde el turismo contribuya al bienestar de la ciudadanía y refuerce la identidad local como motor de desarrollo.
El origen: una marca nacida de la vida cotidiana
Una intensa ronda de entrevistas personales con diferentes representantes de la sociedad gijonesa, y una encuesta ciudadana realizada a pie de calle con una amplia muestra, revelaron que Gijón no es una ciudad construida para la postal. Su fuerza está en otra parte: en la vida que ocurre en la calle, en la conversación que se alarga en los chigres, en el mar como presencia diaria, en la mezcla de barrios, cultura, trabajo, comercio, sidra, viento, industria, emprendimiento y horizonte.
También en los prados de los concejos más rurales, en los caminos rodeados de verde, en el olor a hierba mojada cuando orballa, y en una escena creativa especialmente activa, capaz de conectar memoria, cultura popular y mirada contemporánea. Una ciudad con carácter, orgullo, hospitalidad natural y una manera de vivir que no necesita inventar ni falsificar nada para ser atractiva.
Una ciudad abierta, vital y cercana; una ciudad con herencia obrera y solidaria, pero también con una burguesía emprendedora; una ciudad que encuentra su autenticidad en los gestos cotidianos: la sidra, los merenderos, el baño en el mar, los barrios, las fiestas populares, la mezcla social y la conversación.
El reto estaba precisamente ahí: en transformar una identidad muy sentida en una marca capaz de ser comprendida, compartida y activada.
El diagnóstico
El diagnóstico inicial mostraba una identidad turística poco definida, una comunicación fragmentada y cierta dependencia del paraguas Asturias. También apareció con fuerza una idea que acabaría siendo central: el deseo de proyectarse con más confianza, de “creérselo un poco más”, sin perder sencillez ni verdad.
Aplicando nuestro marco de trabajo Hospitality Brand Balance, el principal reto era construir una marca turística sin convertir la ciudad en producto turístico.
- Desde la economía, la marca debía reforzar la competitividad de Gijón/Xixón, ayudar a atraer visitantes de calidad, no volumen sino quien realmente venga a reconocerse, a respetar y a disfrutar de ese estilo de vida. También desestacionalizar y ordenar públicos, pero sin empujar la ciudad hacia un modelo de crecimiento desarraigado. El turismo debía contribuir a la vida local, no sustituirla ni deteriorarla.
- Desde la emoción, el proyecto pedía una narrativa capaz de tocar algo verdadero. Gijón/Xixón no se recuerda solo por sus lugares, sus monumentos o su oferta turística, sino por lo que provoca en quien la vive: cercanía, intensidad, libertad, pertenencia. Por eso el relato no podía limitarse a hablar de playas, cultura o gastronomía, sino de una energía colectiva que se contagia.
- Desde el entorno, la marca debía reconocer que la ciudad no es un decorado, sino un sistema vivo. Barrios, asociaciones, comercio, cultura, puerto, mar, paisaje, memoria obrera, hostelería y ciudadanía forman parte de una misma realidad. La estrategia debía mirar el destino desde dentro, respetar su ritmo y evitar convertir la vida local en espectáculo.
- Y desde el equilibrio, la decisión fue sostener la tensión entre lo turístico y lo ciudadano, entre la proyección y la verdad, entre la síntesis y la complejidad. Había que evitar dos riesgos: quedarse en un relato descriptivo, institucional y prudente, incapaz de expresar el verdadero pulso de Gijón/Xixón; o caer en una versión folclorizada de la ciudad, reduciendo su identidad a tópicos reconocibles pero insuficientes.
Su diferencia no estaba en parecer más sofisticada, más ordenada o más turística, sino en ser más ella. En mostrarse real e imperfecta en un tiempo de superproducción e idealización, con todas sus capas: mar e industria, barrio y cultura, tradición y modernidad, orgullo obrero y burguesía emprendedora, creatividad contemporánea con mirada de futuro y energía popular. Su identidad no era limpia en un sentido decorativo. Era viva, compleja, usada, habitada. Y esa complejidad no debía simplificarse hasta volverse genérica.
El benchmark confirmó que muchas marcas destino se movían en códigos previsibles, con relatos correctos pero poco diferenciales. Frente a eso, Gijón/Xixón podía ocupar un territorio más valiente: el de una ciudad que no busca parecerse, que no se acomoda en la postal y que entiende la modernidad como una forma de coherencia. Casi una forma de contracultura contemporánea: ser real cuando casi todo tiende a parecer producido.
La conclusión estratégica fue que la marca debía expresar movimiento, verdad y humanidad. No una modernidad estética ni tecnocrática, sino una modernidad vital: una forma de avanzar siendo fiel a la propia raíz.
Territorio de marca y posicionamiento
El territorio elegido fue Modernidad vital. Una forma de entender Gijón/Xixón como la nueva modernidad del norte: real y de raíz. Una ciudad donde ser veraz se convierte en un gesto contemporáneo. Donde avanzar no significa parecer otra cosa, sino transformar desde dentro lo que ya se es.
Ese territorio permitía desplazar la marca desde una narrativa más institucional y paisajística hacia una narrativa emocional, vibrante, abierta y con carácter. No se trataba de decir que Gijón/Xixón es moderna porque cambia, sino porque se atreve a cambiar sin desdibujarse.
La idea de marca condensó esa visión: Gijón es una ciudad viva, una energía colectiva que se transforma sin perder su verdad.
Y el tagline, Gijón/Xixón, horizonte valiente, llevó esa idea a una expresión más abierta y memorable. Horizonte como mar, futuro, amplitud y mirada. Valiente como coherencia: la valentía de una ciudad que se atreve a ser quien es.
El universo visual: el mapa como sistema vivo
El mar, las letras, la playa, la sidra, Cimavilla o el horizonte podían funcionar como recursos reconocibles, pero corrían el riesgo de volver a encerrar la ciudad en una imagen parcial. La estrategia pedía otra cosa: una identidad capaz de hablar de barrios, movimiento, apertura, mezcla y futuro.
El trazado del mapa adopta una base geométrica desigual que dialoga con la memoria visual de Gijón/Xixón: las tipografías modernistas de principios del siglo XX, la arquitectura urbana, las estructuras del puerto y esa lectura industrial que forma parte de la materia profunda de la ciudad.
Las diagonales, los cortes y los planos de color introducen movimiento y expansión. Es un sistema que mira hacia delante, igual que Gijón, y que no ilustra la ciudad desde fuera; la interpreta desde su estructura interna. El mapa deja de ser contorno para convertirse en lenguaje.
Buscábamos una apropiación que no naciera de la literalidad sino de sentir que la marca no simplifica, no caricaturiza y no convierte lo propio en souvenir. El signo cobra sentido en relación con el sistema: con el color, la tipografía, el collage, el movimiento y la forma en que la identidad se despliega en aplicaciones. Ahí se sitúa su apuesta: menos turística en el sentido convencional, más contemporánea en el sentido estratégico.
Gijón/Xixón deja de aparecer como una suma subordinada o como una duplicidad difícil de ordenar, y se expresa como una unidad bilingüe equilibrada, clara y reconocible. No es solo una solución formal; es una decisión simbólica. La marca asume la doble denominación como parte natural de su identidad, sin jerarquías visuales, integrando lengua, territorio y pertenencia en un mismo gesto de marca.
El collage fotográfico en blanco y negro aporta memoria, textura y verdad. Introduce fragmentos reales de la ciudad, los corta, los superpone y los hace convivir con planos geométricos de color. Ahí aparece una Gijón/Xixón hecha de capas: mar, industria, barrio, cultura, verde y viento. No una ciudad limpia y decorativa, sino una ciudad con materia.
La tipografía Strawford, de la fundición gijonesa Atipo, suma otro gesto importante: una identidad con ambición contemporánea, pero anclada en talento local. Geométrica, clara y versátil, aporta estructura sin borrar el carácter. El rojo funciona como energía, ADN y presencia emocional; el blanco abre espacio, respiración y horizonte. El resultado busca una identidad vibrante, valiente y limpia, con suficiente flexibilidad para moverse entre comunicación institucional, campañas turísticas, soportes urbanos y relatos de ciudad.
La nueva voz: una identidad verbal con verdad y pulso
La identidad verbal debía alejarse tanto del lenguaje institucional como del lenguaje turístico genérico. Gijón/Xixón no podía hablar como una ciudad que intenta venderse desde fuera. Tenía que hablar como una ciudad que sabe lo que es.
La voz construida es directa, humana, vital y honesta. Tiene una energía cercana, pero no complaciente. Puede ser emocional sin volverse impostada. Puede ser orgullosa sin sonar soberbia. Puede hablar de futuro sin abandonar la memoria.
El manifiesto recoge esa forma de hablar desde una secuencia casi física: no vienes a mirar, vienes a sentir; la ciudad te atraviesa; el mar habla; la vitalidad se pega a la piel. Después aparecen la lengua, el orgullo, la cultura, el salitre, la memoria obrera, El Natahoyo, El Llano, El Musel, San Lorenzo, Cimavilla, Deva, Granda, Cenero. No como inventario turístico, sino como capas de una ciudad real.
La marca evita la exageración, el reclamo vacío y la postal. Enfatiza la experiencia vivida, la mezcla, la comunidad, la verdad cotidiana y la capacidad de transformación. Habla al visitante, pero no deja de hablar a la ciudad. Ese era uno de los puntos esenciales: que la nueva marca pudiera ser herramienta de promoción sin dejar de ser una forma de reconocimiento.
Impacto y aprendizaje
El proyecto ha permitido pasar de una identidad dispersa a una plataforma de marca clara, capaz de articular propósito, territorio, idea, valores, personalidad, tagline, manifiesto y sistema visual.
- En términos de economía, la marca ayuda a competir desde un lugar propio, menos dependiente de atributos compartidos por otros destinos del norte y más centrado en una ventaja difícil de copiar: la energía real de la ciudad.
- En términos de emoción, construye una promesa más profunda que la visita: Gijón/Xixón no se mira, se vive.
- En términos de entorno, reconoce que el destino no se sostiene sin su comunidad, sus barrios, su memoria su ambición de futuro y su vida cotidiana.
- Y en términos de equilibrio, propone una manera de avanzar sin convertir la ciudad en una versión simplificada de sí misma.
Este proyecto confirma algo en lo que creemos profundamente: una marca destino no debería inventar un lugar, sino ayudarlo a reconocerse con más claridad. La estrategia no está para maquillar la realidad, sino para revelar lo que ya tiene fuerza y convertirlo en sistema. En Gijón/Xixón, esa fuerza estaba en una verdad muy concreta: una ciudad viva, colectiva, abierta, de memoria obrera y pulso emprendedor, creativa y disfrutona, que no necesita parecerse a nadie para mirar hacia adelante.