Diseño emocional: diseñar para personas

Emoción. Del latín ‘emotio’. Dícese de un impulso o movimiento que mueve a una persona hacia algo.

Muchos de las cosas que compramos a diario no son necesariamente las mejores del mercado. En realidad, la mayoría las adquirimos debido a las emociones que nos transmiten, y eso es el diseño emocional.

Hay muchos elementos que influyen en cómo disfrutamos de un producto, y algunos van mucho más allá del propio producto. Imagínate que tienes una botella de un Pinot Noir Grand Cru, y te dan a elegir entre una copa borgoña, de cáliz voluminoso y cuello ancho, de las que permiten que el vino respire, nos permita agitarlo, abriéndolo para disfrutar de todos sus diferentes aromas que varían y evolucionan a cada trago… o en un vaso normal y corriente de toda la vida. ¿Qué eliges? Evidentemente, la mayoría de personas se decantaría por la primera opción. Estas copas, están pensadas para que establezcamos una conexión emocional con el objeto.

Se habla mucho de diseño, de estética y de funcionalidad, pero poco o casi nada sobre cómo las emociones afectan a las personas. El gran maestro del diseño emocional Donald Norman, lo define como un diseño que está enfocado a la relación que establecen las personas con los objetos, en la creación de productos que además de cumplir con sus funciones prácticas, puedan provocar una respuesta emotiva en las personas, generando una experiencia de usuario más íntima y creando un vínculo más allá de la funcionalidad.

El Môderne Hotel — Foto Salva López

Crear vínculos emocionales contando historias

Tratar las cosas con mimo, ‘cocinar a fuego lento’, centrarse en los detalles y crear emociones, hacen de nuestros proyectos algo más que una simple identidad de marca o una página web. Contamos historias, y con ello, creamos emociones. Contando una historia, conseguimos que los clientes se sientan más cercanos e interesados por los proyectos. No basta tener ideas funcionales para que funcionen. Es fundamental que, para que funcione, los usuarios puedan sentirse especiales a la hora de interactuar con el proyecto o servicio en concreto. No limitarlos a usarlo simplemente, sino ayudándoles a establecer una conexión emocional con él. Hablamos de la calidad que el producto pueda tener y la satisfacción que pueda generar cuando las personas interactúen con él.

Un claro ejemplo de ello, es uno de nuestros últimos proyectos el diseño web para Cap Rocat. Más allá de una página web estética, hay un proyecto donde se ha trabajado en una experiencia más placentera, íntima y personal. De esta forma, los usuarios crean un vínculo con la web que va más allá de su funcionalidad o su estética, disfrutan navegando a través de ella, adentrándose en el ‘mundo Cap Rocat’ y dejándose llevar por la esencia del hotel desde el primer momento que entran a la web. Analizando la experiencia de uso como proceso, que dura desde que entran en contacto con la web, mientras navegan y hasta que dejan de estar en ella.

Proyecto web para Cap Rocat

El diseño se tiene que poder disfrutar y un diseño que despierta emociones hace de tu producto algo mejor, ya que las emociones afectan a la valoración, a la percepción y a la memorización que podamos tener de éste. No olvidemos que formamos imágenes mentales de las cosas según las emociones que nos generan.

¿Deberíamos entonces reflexionar hasta qué punto hacemos uso del diseño como marketing? Quizás el diseño va más allá de desarrollar un producto con una estética atractiva para generar más demanda. El diseño puede ser mucho más que todo eso, el diseño tiene que también poder emocionar. Es nuestra responsabilidad pensar en el impacto emocional de nuestros diseños. Y deberíamos tratarlo como una manera de mejorar la relación entre las personas, los productos y los servicios.

Luzia Carmona
Luzia Carmona
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